Este año termina y comienza lleno de alegría y de fe en la humanidad, al haber recibido en nuestras vidas a nuevos amigos con grandes corazones. Empresas con alma como Actium, Adaptalia, Anquor o Ecolog nos ayudan a seguir ofreciendo educación, alimentación y una vida digna a niñas y niños que viven en condiciones de calle y pobreza extrema.
Gracias a su apoyo, y al de todos los amigos y colaboradores de nuestra casa de acogida, seguimos adelante día a día, viendo crecer y forjarse un futuro sano a menores que, de otro modo, no tendrían ninguna oportunidad.
Este mes de enero hemos acompañado a cinco niñas —Margareth, Dorothée, Peris, Joy y Katherine— en el inicio de una nueva etapa en un internado de calidad situado en la zona rural de tierras masái. Nos hace mucha ilusión verlas evolucionar en su educación y poder seguir participando activamente, en estrecha colaboración con su nuevo centro educativo. Este paso hacia el futuro permite, además, que se incorporen nuevas niñas, manteniendo la esencia del proyecto: sacar de las calles a niñas pequeñas en situaciones limite y ofrecerles la oportunidad de una vida digna.
Hemos continuado —y continuaremos— realizando comidas populares para personas en situación de calle y para menores en condiciones extremas, poniendo especial énfasis en el acompañamiento a madres jóvenes.
También hemos disfrutado del avance del rodaje del documental y de los talleres de cine y teatro, ilusionados por poder compartir muy pronto sus resultados.
En definitiva, la Casa Amarilla sigue adelante, llena de amor, magia y gratitud, viendo cómo un grupo de menores crece con la convicción de que la humanidad es buena, solidaria y compasiva; con la idea de que el mundo puede ser un lugar amable y seguro. En tiempos en los que parece que se desmoronan los valores, los derechos y las estructuras morales, existe un lugar que se atreve a luchar desde la raíz, sembrando en las nuevas generaciones gratitud, amor y solidaridad.

iGracias por seguir ayudándonos a hacerlo posible!

